El Guión Técnico
Existe
una antigua discusión entre defensores y detractores del guión técnico. No es
el momento de ahondar en esa disputa. Baste decir que ambos llegan a tener
razón. Sin embargo, la única manera de estar de acuerdo con aquellos que abominan
del guión técnico, es saber hacerlo y haberlo hecho al menos una vez.
El
guión técnico es el último proceso creativo de la pre producción, antes de que
la producción intervenga con tanta fuerza que ya no queda mucho más que caminar
hacia adelante con ella.
Este
trabajo es la concreción de la visualización audiovisual del guión literario.
En ella, el director va “pintando” la historia y la va estableciendo en su
cabeza, dejando una copia en el papel, para que todos los colaboradores la
puedan conocer y manejar; para que la producción la pueda cuantificar y hacer
realidad; para que el director de fotografía pueda terminar de planificar su
luz y sus encuadres; para que el director de arte tenga la certeza de cómo se
van a ver sus locaciones, sus vestuarios, sus peinados, sus escenografías. Es
el último momento de creatividad antes de que todo el equipo se ponga manos a
la obra y se comience a rodar el film.
Desde
mi perspectiva, que defiendo su utilización, trabajar con guión técnico no
quita libertad, sino por el contrario la aumenta, porque nunca perdemos la
libertad de improvisar en esta o aquella escena o plano, pero teniendo guión
técnico lo hacemos desde una base organizada que, al menos en aquellas primeras
incursiones como director o equipo realizador, ofrece seguridad y estabilidad,
amén del conocimiento de las consecuencias que esta improvisación tendrá para
el conjunto de la obra, permitiéndonos asumir los costos asociados.
El
objetivo fundamental del realizar un guión técnico es poder compartir la visualización
del filme que tiene el director de la obra con el resto del equipo pero
fundamentalmente con dos de sus áreas: la producción y el montaje.
En
el primer caso, no es menor el destacar que esté relacionado con poder afinar
el presupuesto del proyecto, pues precisamente en no pocas de las definiciones
del guión técnico aparecen requerimientos específicos que terminan por redundar
en el coste de la película. Pensemos, por ejemplo, en que no es lo mismo una
plano cenital a secas que uno aéreo; ni un paneo que un travelling. Ya sea por
diferencias en el equipamiento o en el tiempo de ejecución, afectarán el
presupuesto. Y tampoco es lo mismo que la escena suenen los pajaritos a que lo
haga “Satisfaction”, de los Rolling Stones. El primero lo registrará el mismo
sonidista contratado para grabar los diálogos y el segundo obviamente es más
caro.
Pero
no menos importante es que de este documento surge otro, el Plan de Filmación y
con ello la organización completa del rodaje de la película. El equipo de producción
completo, incluyendo al director de arte y el de fotografía, basan buena parte
de su trabajo en el guión técnico. El asistente de dirección lo utiliza como
guía para sacar adelante el rodaje con la mayor eficiencia y coherencia
posibles. Y hasta los actores lo utilizan para aprenderse o fijar sus diálogos
correspondientes, en un orden determinado.
En
el segundo, su importancia está asociada al trabajo del montajista o editor.
Sin esta guía, es muy difícil que la visión del director se respete durante el
largo y meticuloso proceso de post producción. Es precisamente este documento
lo que guiará al montajista en la toma de decisiones durante buena parte del
proceso de compaginación. Especialmente en aquella en que el director no puede
estar todo el tiempo presente pues aun se encuentra rodando el proyecto.
Trasladar
las imágenes y los sonidos, los gestos y las entonaciones, los movimientos de
la cámara y los personajes que ha imaginado el director a un documento, no es
en absoluto sencillo. Menos aun cuando no se ha hecho antes. En no pocas
oportunidades quisiéramos tener un transcriptor de pensamientos. Pero se puede.
En
primer lugar, se trata de concebir esas imágenes, sonidos y movimientos. Verlos
suceder dentro de nuestra cabeza. Imaginarlos como si estuviéramos viendo el
filme.
Debe
haber tantos métodos para ello como personas dirigiendo. Ninguna es mejor que
la otra. O, para ser más exactos, la tuya es la mejor; la que te funciona a ti.
Esta
es la parte más entretenida de este arduo proceso. Pero también la más
desordenada. La más difícil de asir, de atrapar. Y es que es muy complicado
estar imaginando y anotando a un mismo tiempo. De ahí que quisiéramos contar
con una tecnología, con una herramienta que trascriba nuestros pensamientos
directamente al computador o al papel.
Mientras
eso no sea posible, debemos conformarnos con hacer el ejercicio de ir
aprendiéndonos de memoria la película que pasa dentro de nuestra cabeza, como
si se tratara de un hecho real. Como si lo hubiéramos vivido. Hasta que tenga
la misma viveza de los recuerdos. Una buena ayuda es contárselo a quien se
ofrezca para escucharlos; con tanto detalle como nos sea posible. Verbalizar
esos acontecimientos los irá fraguando en nuestra mente con el mismo valor
de los recuerdos. Pero, además, nos permitirá tener una buen referente del
efecto que ello causa en los potenciales espectadores que son nuestros
interlocutores. Dependiendo de cada caso, también, nos harán comentarios que no
pocas veces serán interesantes de tener en cuenta. Si no tenemos a nadie a quien
relatarle la historia, también podemos recurrir a grabar el relato en un
dispositivo, lo que nos agrega la posibilidad de volver a escuchar nuestra
invención.
Una
de las razones por las que el proceso de establecimiento del guión técnico se
hace después de la búsqueda del casting y las locaciones, es porque resulta
indispensable para este proceso conocerlos.
Aunque
es cierto que cualquier guión es posible de imaginar sin necesidad de conocer
su elenco o sus locaciones, también lo es que para que sea útil a la producción
puntual de un proyecto, es imprescindible. ¿Cómo imaginar un plano, movimiento
o gesto factible y apropiado a tal o cual locación o actor, de otro modo?.
Cuando
tengamos la historia dominada, debemos proceder a su transcripción al formato
escrito. O, en su defecto, en un formato gráfico, como es el storyboard.
Muchas
de las películas industriales desarrollan storyboards tan precisos que al
mirarlos resultan prácticamente idénticos a la película. Y algunas llegan a obtener
plusvalía o establecer acuerdos muy convenientes con los dibujantes producto de
su posterior impresión y venta.
Pero
para nosotros esa realidad está aun demasiado lejos. Todo lo que queremos es no
perdernos en el complejo proceso de la realización de nuestro proyecto fílmico.
Así,
con o sin storyboard, debemos llevar a papel el guión técnico que hemos ido
configurando en nuestra mente, para lo cual podemos proceder de muchísimas
maneras distintas. Una vez más, todas potencialmente buenas.
El
guión técnico es bastante más que un listado de números y descripciones
técnicas donde sólo se determinan los planos, ángulos, movimientos y puntos de
vista que se utilizarán en el rodaje. Es también el documento en el que se
determina cómo se visualiza el tiempo de cada escena y hasta de cada momento
de la escena. Aquí se debe especificar si se trata de un racconto; de una
elipsis; de un tiempo expandido o ralentado, acelerado; etc.. Es el lugar en el
que se especifica el punto de vista que tenemos sobre el especio, es decir, si
lo mostraremos con angulares o tele objetivos; si en foco o fuera de foco; si
luminoso u oscuro; si dentro del campo visual o fuera de éste; etc..
Cada uno de estos detalles y especificaciones pondrá sobre alerta a los
diferentes técnicos que nos acompañan en la narración de nuestra historia,
desde el director de fotografía, el director de arte, el sonidista, los
actores, y el montajista; con lo que podremos realmente comenzar a hablar de trabajo en equipo; que es el que caracteriza al audiovisual.
PERFECTO !
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