La realidad de la vida vs la realidad audiovisual


Escena de un film.

01.   INT. COCINA - TARDE
Una mujer mira por la ventana embobada por la presencia de un hombre que le gusta, quien descarga una camioneta en el patio, mientras ella lava los platos en la cocina, aunque lo cierto es que nada más insiste mecánicamente en un solo plato.
CORTE A
02.   INT. LIVING - TARDE
Su madre, desde el living, de pronto la observa y también mira al hombre que descarga la camioneta. Entonces, advirtiendo que lava y lava el mismo plato, decide comentarle, con cierta ironía:
MADRE
CORTE A
03.    INT. COCINA - TARDE
Y la mujer se sobresalta dando vuelta el agua de una olla que está a su lado. Avergonzada y sorpendida, sale de la cocina sin decir palabra.
CORTE A

En la realidad, las escenas 01 y 02, podrían ser exactamente iguales a la película, pero la escena 03, en cambio, sería algo diferente:

03.    INT. COCINA - TARDE
Al escuchar el comentario de la madre, la mujer sigue lavando con la esperanza de que la madre no haya visto al hombre, ni a ella mirándolo (pues en la realidad ella no sabría que lo vio, como ocurre sobreentendidamente en el film). La madre, entonces, se acerca.
MADRE
HIJA
MADRE

HIJA
MADRE
CORTE A


La hija, entonces, podría tomar tres caminos:
1.- Se sonroja y abandona la habitación (igual que en el final de la escena 3 del film).
2.- Continúa tratando de mantener su actitud escondida y sigue lavando.
Y 3.- Reconoce y le dice que no se meta.


Destaco estas notables diferencias, para invitarnos a reflexionar sobre un asunto de máxima importancia en la creación audiovisual: lo que funciona en la realidad de la vida, no necesariamente lo hace en la realidad fílmica.
Y, todavía más: en ocasiones, incluso es necesario deformar esa realidad para representarla y hacerla parecer verosímil, produciendo que el público comprenda como lo hace en la realidad pero por lo que prodríamos llamar esta transposición al lenguaje fílmico. Éste, además, normalmente incluye economía de lenguaje.
No debemos perder de vista de que la realidad de la vida, tiene una duración inmensa (prácticamente infinita); mientras que la realidad fílmica, la tiene limitada a pocos minutos (normalmente, a un máximo de entre 90 y 120; pero también es preciso tener en cuenta duraciones tan breves como las comerciales, que en ocasiones no superan los 30”).
De este modo, es imprescindible que entendamos esta diferencia tanto si somos escritories de nuestro proyecto, como si somos únicamente directores. En ambos casos, es imprescindible que seamos capaces de traducir, de convertir la realidad, para que funcione en el film, con la misma (y hasta me atrevería a decir que con mayor) fuerza que en la realidad de la vida. Mientras más talentosos seamos en este arte, mejores películas seremos capaces de realizar, pues estaremos más cerca del público.

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