Lectura, comprensión e interpretación del Guión
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| Guión en proceso de trabajo. |
En la realización de una pieza audiovisual, el/la director/a, no requiere necesariamente haber escrito el guión, pero sí saber leerlo, saber comprenderlo y saber interpretarlo; es decir, saber cómo convertir ese leguaje escrito al lenguaje audiovisual, al lenguaje de las imágenes y los sonidos, combinándose para que signifiquen lo que se requiere expresar.
Hay
variados modelos de guiones, pero cualquiera sea el que tengamos nosotros en
las manos, debemos asegurarnos de que somos capaces de convertirlo en imágenes
y sonidos; de que somos capaces de hacerlo película; de que somos capaces de
hacerlo, respetando el sentido de lo que se persigue decir, comunicar.
El
guión, no es la obra audiovisual (ni siquiera es una obra en sí mismo), sino
una guía para que alguien realice la obra: cualquiera sea la pieza audiovisual
que se esté procurando.
En
este Taller, ese “alguien”, son ustedes; cada uno de los estudiantes.
Independientemente de si formalmente eligen el cargo de director/ra, todos
deben aprender a transcribir del lenguaje escrito al audiovisual, es decir,
todos deben aprender a ser realizadores/as.
DIÁLOGOS v/s IMAGEN
Con
mucha frecuencia escucharán que la creación audiovisual pareciera sustentarse
en una pugna entre la imagen y los diálogos. En cierto modo es así.
La
manida frase de que una imagen dice más que mil palabras, es cierta en muchas
ocasiones, aunque no en todas. Y si bien es cierto que el film está constituido
básicamente de imágenes y también lo es que éstas pueden hacerse cargo de una
buena parte de la comunicación de las películas, no creo que sea necesario
mantener la rivalidad entre diálogos e imágenes.
Hay
una manera más apropiada de enfrentar esta sorda confrontación.
En
la modernidad, el audiovisual casi no es posible concebirlo sin diálogos. Por
lo tanto, éstos deben considerarse parte de su estructura narrativa, del mismo
modo en que se consideran los vestuarios, los gestos, los ángulos, los
movimientos, etc.
El
conjunto, es el que debe mantenerse equilibrado y bajo su control, el del/a
director/a.
Sin
perjuicio de lo anterior, soy un defensor de que los diálogos deben utilizarse
lo menos posible y que si es posible expresar lo que se quiere comunicar sin
necesidad de decirlo textualmente, ese es el camino. Pero ese es un trabajo de
guionistas, mucho más que de directores/as. Y aunque no son pocas las veces en
que la dirección puede reescribir y hasta eliminar ciertos diálogos (piensen que
toda vez que los están agregando o alargando pueden estar cometiendo un grave
error), sigo pensando que hay momento en que deben permanecer ahí, sin otra
solución. Por lo que el diálogo debe formar parte de la obra si así lo contempla
el guión.
El
talento del director está, precisamente, en saber encontrar la manera de que
sus actores, lo pronuncien sin que suene a literatura, a teatro, o simplemente
a necedad.
Para
ello, es imprescindible, comprender a cabalidad lo que están significando los
diálogos (y la obra en su conjunto). Si están bien escritos, tendrán una razón
de existir y, por supuesto, un objetivo. Ese significado debe estar
perfectamente claro para el/la realizador/a.
Para
comprobar que los diálogos de un guión están bien escritos, el realizador debe
zambullirse en la actuación de cada escena, como si se tratara del actor. Debe
representar todos los roles y posesionarse de cada uno de ellos. Es la única
manera que nos garantiza que, al menos dentro de nuestras propias capacidades,
los diálogos sean los adecuados.
El
posterior ensayo con los actores podrá agregar una nueva dimensión a los
diálogos y a la puesta en escena, por lo que es sumamente recomendable que se
lleve a cabo este proceso con la mayor profundidad posible.
Pero
desconfíe (al menos en principio) de cualquier sugerencia de cambio de diálogo
si viene de un actor/actriz que no haya ensayado con usted. Suele ocurrir que
todo el profundo análisis que usted ha llevado a cabo, se deshecha de un
plumazo tras el ofrecimiento irreflexivo de uno de sus actores.
LOS GESTOS
Al
descubrir el sentido de cada escena, y dentro de ésta, de cada diálogo, seremos
capaces de construir un “vocabulario” de gestos que normalmente no está
descrito en el guión. Es, pues, responsabilidad de realizador, saber adjudicar
a cada situación, a cada texto, y por supuesto a cada diálogo los gestos que le
corresponden.
Muchas
personas se confunden pensando que esta responsabilidad recae sobre los hombros
de los actores y actrices, pero no es así. Al menos no del todo. Es muy cierto
que ellos contribuirán con los que les parezcan más adecuados, pero incluso
cuando se trate de reconocidos profesionales, los que ellos proponen, no son
necesariamente los más idóneos.
Pero
reconocer los gestos correctos es una tarea ardua y, muchas veces, extremadamente
complicada. Requiere de quien los aborde, un conocimiento profundo (lo más
profundo que seamos capaces en nuestro proceso de crecimiento) de la
sensibilidad y la psicología de los seres humanos. Hay que prestar atención a lo
que sucede en la vida real. Pero no necesariamente esto encierra la clave del
éxito para descubrir cuáles son los adecuados para el film.
Una
vez más, será preciso que el realizador actúe el guión, escena por escena, para
encontrar cada gesto facial y corporal, y sus matices. No podemos confiar en
que se lea bien. Pues en ningún caso apareceremos nosotros o un actor leyendo
estos textos. Es necesario buscar cada gesto, cada entonación de la voz,
comprobando que cada palabra sea la adecuada y que, junto a ella haya un gesto
que la acompañe; desde el más neutro, hasta el más expresivo, siempre deberá
haber un gesto que revele o ayude a revelar el significado que se quiere
expresar.
No
es poco frecuente que una mala elección en esta materia nos lleva por un camino
muy distinto del que se ha pretendido en el guión. Debemos ser extremadamente
cuidadosos.
LA IMAGEN Y EL SONIDO
Cada
escena expresa uno o varios significados, tiene uno o varios objetivos. Y más
allá de que una buena parte de éstos se revelen por medio de los personajes y
sus diálogos, debemos reforzarlos y complementarlos con todo lo que los rodea a
ellos: la imagen y el sonido.
El
significado y simbolismo de la imagen y el sonido son vitales para que nuestro
proyecto alce el vuelo y se convierta realmente en una película, en una obra
audiovisual con profundidad.
Pero
el sonido no es sólo voz. Casi todo lo contrario, especialmente para aquellos
que pensamos que los diálogos deben ser los mínimos. El sonido de una obra
audiovisual está encabezada la mayor parte de las veces por la voz (que puede
estar expresada en diálogos o en locuciones en off), pero luego le siguen los
ruidos y por fin las músicas.
LOS
RUIDOS
Podría
pensarse que los ruidos de un film son sólo aquellos sonidos que nacen en el
movimiento de los elementos, como los pasos de las personas o los animales, la
manipulación de objetos, la actividad de la naturaleza, etc., pero en realidad
es mucho más complejo que eso. Por supuesto, en la mayoría de los casos debemos
considerarlos, pero buscar la sonoridad de nuestra historia, no pocas veces
requiere explorar un camino que no está a la vista, o al menos no a simple
vista y que, rara vez está indicado profundamente en el guión. Requiere, del
mismo modo que en el caso de los gestos en la actuación, por ejemplo, de
conocer sus posibilidades expresivas más allá de su simple sonoridad natural.
Nunca será vana la búsqueda de significados en el ámbito de los ruidos, pues la
mayor parte de las veces si hemos sido asertivos en este campo nuestra narración
tendrá muchísima más profundidad y alcance.
LA
MÚSICA
Es
por todos conocido el aporte que la música le otorga al audiovisual. Y, sin
querer contradecir esta verdad, me gustaría agregar que es preciso tener un
manejo sutil y muy estético de su uso en las piezas audiovisuales, so pena de
manipularlas en extremo o de sobrepasarse en la significación requerida,
consiguiendo si no el efecto inverso, al menos que una buena parte de los
espectadores se sienta manipulado y/o hastiado. Por lo mismo, recomiendo ser lo
más cuidadoso posible a la hora de musicalizar una escena.
Cada
escena del guión, está situada en un lugar; con un punto de vista señalado por
el guionista (hay que descubrirlo); y contiene (o debiera contener) elementos
de variadas clases (que pueden o no estar enunciados en el guión), que debemos
descubrir y aprovechar para darle el mejor sentido a nuestra película.
Cómo
vamos registrando esa realidad, tanto en su aspecto visual como sonoro, es lo
que terminará por dar al film un determinado sello y dimensión.
Del
correcto análisis de las palabras escritas en el guión, y de su adecuada
conversión al lenguaje audiovisual, dependerá el grado de profundidad
comunicacional y estético de nuestra obra.

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